Maratón de New York

Algo irrepetible...

Domingo, 7 de Noviembre de 2010

(Pepe Ruano)

Empezar a escribir una crónica de esta carrera, al menos para mí, se convierte en una tarea difícil. Joaquín Sabina en una de sus canciones dice: como van a caber tantos besos en una canción . Pues yo, parodiándolo, diría que como van a caber tantas sensaciones en una crónica (ya se ve que no tiene la misma rima que la de Joaquinito...). Y así ha sido. Creo que en el desarrollo del texto se podrá sentir la emoción, sensaciones diversas, alegrías y demás momentos felices que nos ha hecho pasar la carrerita de marras.

 

Perdonad que personalice pero yo, que había prometido que sería mi última maratón fuese cual fuese el resultado, ni en mis momentos más optimistas podía soñar mejor ese final. Como el viaje ha sido cumplido y lo que ha rodeado a la carrera es como para contar un ciento de cosas yo únicamente me voy a referir a lo que es la carrera: desde que cogimos los dorsales hasta que llegamos al hotel después de recorrer esas calles tan especiales. Allá voy.

La expedición la formábamos 19 personas por parte de nuestro grupo. Y nos integramos con un grupo fundamentalmente de Vitoria (los había de Bilbao, Santander y Alicante) cuyo total eramos ¡120 almas!. Vamos, que en el avión cabían algunos más, pero pocos. Y entre los nuestros iban Maru y Yolandita, Eugenio el Presi, Rafa Antoñana, Tito, Esteban, Osbaldo, Felipe, Josemi y yo con nuestras respectivas santas (Visi, Aurora, Sandra, Carmen Pavón, Pitu y Carmen Gu) y santo (éste es Toño Aguado). Felipe viajó sólo y además venía mi hermano Manolo y mi cuñada Asun. Tuvimos también a Javi, el hijo pequeño de Eugenio, que trabaja en Austin (Texas) y que aunque no había corrido nunca una carrera llevaba todo el verano preparándose para este debut. Ya estamos todos. De ellos, Esteban y Oswaldo no podían correr a pesar de que disponían de dorsal porque las lesiones no les han permitido entrenar en condiciones y venían de pomponeros , que también se necesitaban.

El sábado por la mañana fuimos al centro Jacob Javits Convention Center (¿a que parece que domino...?), en Manhatan, donde se recogían los dorsales y la bolsa y donde estaba la Feria del Corredor. Ya sólo entrar allá te empiezas a dar cuenta en qué embajada estás metido: 46 000 dorsales vendidos y una organización para su entrega admirable. Hay tres colores de dorsales naranja, verde y azul. Estos, lo que está claro, es que no se entregan por los tiempos acreditados sino , suponemos, que intentando promediar a la gente a lo largo de la carrera.

Los recogimos y luego de estar un buen rato por la Feria (la estrella de las ventas eran unos guantes de Asics en cuyos deditos ponía los nombres de los cinco barrios que recorre la carrera; todo el mundo mirando muy fijamente al dedo gordo donde ponía MANHATAN que es el final de la carrera...) dimos una vuelta y enseguida al hotel que el día siguiente era largo de todo.

Ya es domingo. A las 4,30 de la mañana ponemos los despertadores porque el autobús de nuestro grupo con los 40 corredores que había en la expedición salía del hotel a las 5,15. ¿Por qué esas premuras? Pues sencillo: para llegar hasta el punto digamos de salida (luego lo explico) había que desplazarse hasta un punto donde te cogían los autobuses de la Maratón y luego dar una vuelta con ese bus de 1 hora larga ; luego ya cierran los accesos pero hasta para los peatones, con lo cual nadie se expone a no poder pasar por llegar tarde.

La mañana estaba heladora. Todo el mundo iba envuelto en sus mejores galas, galas que luego tienes que dejar allá tiradas tipo Behobia, así que ya os podéis imaginar los modelitos: guatinés, mantas, abrigos hechos con plástico de ese de burbujas de envolver regalos, y después mucha-mucha-mucha ropa de la que los mendigos no usarían. Pero todo el mundo intentaba ir lo más abrigado posible porque la espera se planteaba larga.

Existen tres puntos de salida diferentes dentro del mismo recinto, las campas que les llamaban, correspondientes a los colores que he comentado antes. Eso ya nos fastidió porque pensábamos, salvo Josemi, ir todos juntos y claro, al salir de distintos sitios pensamos que igual no nos veíamos en toda la carrera. Pero los de Vitoria, que habían corrido otros años, nos hicieron ver que a pesar de que los itinerarios del principio de la carrera son distintos para los tres colores , alrededor de la milla 5 ya se juntaban y era todo un único recorrido.

Como Maru y Javi salían con color azul, Euge y Felipe con verde y Yolanda, Tito,Josemi, Rafa y yo con naranja, quedamos en pararnos en la milla 5 (alrededor del kilómetro 8) y esperar hasta reunir a toda la peña. No deberíamos de tener problemas de espera porque todos sabíamos que esos kilómetros los haríamos a un ritmo muy contenido e igual todos los grupillos. Por cierto, los 42195 metros nuestros se convierten en 26,2 millas para ellos. Las millas están marcadas todas y los kilómetros de 5 en 5. Así hacen patria y nos obligan a estar haciendo multiplicaciones y divisiones durante la carrera para ver que tal vamos, con lo que mantenemos la cabeza ocupada ... ¡ como si no hubiese otras cosas que mirar!... ¡Jodíos yanquees!

Para empezar, con el autobús de la carrera que nos acercó a la salida tuvimos mala suerte: con 8 millones de habitantes hace 10 años que ha sido el ultimo censo que se ha realizado, más todos los sin papeles ( que deben ser muchos) nos fue a tocar el conductor más torpe de todo NY. Y cuando llegamos a un determinado punto, nos hizo bajar del bus alegando que ya no le dejaban pasar mientras los que venían detrás lo hacían con toda alegría... Y nosotros, andandito por la carretera hasta el principio de las campas. Menos mal que no hubo mucho trecho, pero por el mismo precio podía habernos dejado a 17 kilómetros (10,56 millas)... Llegamos a las campas ateridos de frío y nos empezamos a despedir. Cada uno tiene que ir a sus corrales (así los llaman y así los ilustran luego).

Lo primero dejar la ropa seca: existe un sistema de guardarropía en las únicas bolsas en las que está permitido dejar algo, que te las proporciona la organización y que son trasparentes. Hay 60 camiones cada uno con un cartel donde pueden entregar 1000 participantes sus enseres: 16000 al 16999, 4000 al 4999,... y así todos. Dejas la ropa y entonces ya te quedas con lo de tirar: todos íbamos de dulce pero el que se llevó la palma (casi le hacen la ola todos los de alrededor, por supuesto nosotros los que más) fue Josemi. Era la ropa de tal elegancia que si alguien vió la salida por la tele, todos los que se veían en el puente Verrazano apiñaditos estaban pujando por hacerse con un plumas y un gorro de lana de lo más tentador.

En la campa dan bollos (que no te entran), cafés y tés calentitos (que hay tortas para coger no sé si para tomar vía oral o para echárselo la gente por los pies...) y entre dar una vueltecilla ya nos dirigimos a nuestros corrales; para que la gente no se equivoque en la parte exterior de los corrales hay ... ¡paja!. Vamos, que no te pierdes aunque quieras y eso sí, una vez que entras de allá ya no se puede salir más que para hacer la carrera. Y estábamos allí aproximadamente una hora y media antes de la salida que se hace en tres oleadas de 15000 corredores cada una (tuvimos suerte porque a todos nos tocó en la primera a las 9,40; las otras dos son media hora y una hora respectivamente más tarde)

Y como teníamos frío nos arrebujamos los 5 del color naranja en un rinconcito, nos envolvimos con un saco de dormir, cogimos hasta realquilados (dos alemanes y un francés que pasaban por allá) y esperamos nuestra salida.

Ya es la hora. Nos despojamos de las galas, y nos acercamos al puente. Se oye un cañonazo, suena el New York, New York de Frank Sinatra, se te ponen los pelos de punta. Josemi sale más rápido que los demás, nos deseamos toda la suerte y ... ¡ a correr!.

Nada más salir ya empiezas a notar que la gente se para en el puente (la vista de Manhatan es ESPECTACULAR) y va haciendo fotos de su gente y del paisaje (nosotros, para no ser menos, nos echamos de reportero a Rafa que llevó la cámara toda la carrera y nos permite tener unas fotos increíbles del ambiente y de nuestra actuación), algo inhabitual en otro tipo de carreras donde la gente mata por pasar delante del vecino.... Pero eso ya anunciaba cómo era ésta.

En los primeros kilómetros ya vimos, por la otra dirección del puente a Maru y Javi y aunque sabíamos que luego los íbamos a perder insistimos en mantener el ritmo para llegar a la milla de la cita a la vez. A Euge y Felipe no los veíamos porque salieron por la parte de abajo del puente (aún no nos han confesado si les cayó algún regalito de arriba pues los viejos del lugar les recomendaron que circulasen por el centro de la calzada hasta salir a la superficie dado que la gente, en el último momento, hace un pis donde puede y ... siempre es en el sitio donde está a pesar de que hay 1300 servicios de esos portátiles).

El barrio de salida es Staten Island. Luego vienen Brooklyn, Queens, El Bronx y Manhatan que es donde está la meta en Central Park. Así que allá vamos enfilando Brooklyn. Larguísimo. Más de media maratón. Pero en la calle hay millones (no exagero nada) de gentes gritando constantemente, animando a todo el mundo y que te hacen sentir como lo que evidentemente no eres, un héroe. Yo comentaba con los compis que lo malo de eso es que no se podía contar, porque por mucho que uno se esfuerce no es capaz de reflejar eso ni escribiendo (aunque sea mal, como yo) ni hablándolo de viva voz.... Según los cálculos ven la prueba más de 2 millones de newyorquinos y desde luego no parece exagerado en tanto en cuanto hay zonas (sobre todo desde la milla 16 en adelante) donde las filas de la acera son de 7 y 8 en fondo... Como decía yo, como las procesiones de Semana Santa en sus buenos tiempos...

Cuando llegamos a la milla 5 paramos. Y los 6 esperamos a los dos que faltaban. Después de estar parados 7 largos minutos donde nos comíamos las uñas por no poder seguir mientras nos pasaban cientos de gentes decidimos que no puede ser que no hayan llegado y que por alguna razón no habían parado. Seguimos preocupados por qué habría pasado pero seguimos a nuestro ritmo que iba condicionado por tres cosas fundamentales: 1) Queríamos acabar todos. 2) Yolandita los 15 últimos días se ha resentido de una vieja lesión y estaba justita de una de sus piernas y 3) Javi era su primera carrera (tambien Maru se estrenaba en la distancia pero de su capacidad sabemos todos y eso no nos preocupaba. Las otras tres cosas sí). Ibamos clavando el ritmo de los pasos por cada milla.

Entre gritos, ánimos, bandas de música (quizá había más de 20 en el camino y cada una interpretando la música de la etnia que ocupa esa zona del barrio rock, jazz, rap,...) y nuestra risas íbamos francamente cómodos y contentos. Al llegar a la milla 8 ¿a que no sabéis a quien nos encontramos...? ¡ A Euge y Felipe que habían entendido que era allá y no en la 5 (¡¡¡¡...ghhhjjjhhhh...!!!!) Sin comentarios, que después el Jefe se enfada... Total, ya los 8 juntos y bien agrupaditos seguimos la carrera.

El recorrido por esa zona es muy llano; atravesamos la zona de los hispanos, de los chinos, de los judíos, y la media maratón la hicimos en las dos horas previstas. Nada más pasar ese punto atravesamos el puente Queensboro, que te lleva a la isla de Manhatan , trozo de una gran dificultad pues es más de una milla y salvo el trocito final es todo para arriba, suave pero para arriba. Nada más abandonar el puente nos encontramos por primera vez a nuestras pomponeras. El Presi y Rafa, siempre tan correctos, se acercaron a darles un piquito a sus chicas y los demás, que no los habíamos visto hasta un poco más tarde quedamos como Cagancho...Pero ellas nos lo perdonaron porque nos vieron a todos , Yolanda y Javi incluidos, con una estupenda cara.

Subes por toda la Primera Avenida hasta El Bronx (salimos indemnes...) , giras, pasa el puente de Madison y enfilas la Quinta Avenida en dirección hacia la llegada. Pero aún quedan 5 millas y pico....

Hasta ese punto todos íbamos juntos; pero empezaba lo peor de siempre. No sólo por los kilómetros que llevábamos (33 largos) como por el recorrido: hay que bordear todo Central Park y eso es una subida continua con algún tobogán pequeño. Pero como sabemos todos los corredores a esas alturas de la prueba hasta la pintura de los pasos de cebra se hace casi una subida.... Total, que en un avituallamiento los perdimos. Los veíamos algo rezagados pero seguimos Maru, Felipe y yo sin subir el ritmo pero tampoco sin aflojar. En la milla 23 animé a Maru (Felipe se había adelantado unos metros) a que tirase para adelante puesto que ella iba más sobrada sabiendo que faltaban unos 4000 metros y por tanto el final estaba ahí. Pero el roce produce el cariño y no consintió lo cual me obligó a sacar pecho y tirar para adelante sin desfallecer.

La llegada se produjo: a años luz Josemi con alrededor de sus tres horas y media y luego entró Felipe (que curiosamente y por aquello de salir de tres sitios diferentes, hizo un tiempo superior nosotros que veníamos detrás) , luego Maru y yo (aún estarán hablando los jueces del abrazo tan emocionado que nos dimos nada más cruzar la meta) , seguidito Javi que hizo un carrerón sin desfallecer en ningún momento y al cual Euge le mandó para adelante cuando a él se le quedaron las piernas como agarrotadas en una situación que se le ha producido en otras carreras últimamente, a continuación Yolanda y Tito que lo hicieron de perlas, sin dolor ninguno por parte de Yolanda y más molestias de Tito, y finalmente Rafa acabando su reportaje fotográfico y Eugenio; todos cansados y el Presi con las molestias antes comentadas que le hicieron andar un poquillo. Todos acabamos y ese es nuestro éxito.

Nos dirigimos por un caminito a la zona de las furgonetas donde estaba la ropa seca. Aunque el día era muy luminoso, bien sea por el esfuerzo o por la temperatura que no era alta a pesar de ser casi las dos de la tarde, íbamos más de cuatro tiritando y deseando cambiarnos pitando, mientras la gente nos felicitaba y nos daba palmadas y las enhorabuenas en lo que para ellos es una verdadera hazaña. Cuando nos cambiamos Maru y yo, nos acercamos al sitio donde sabíamos que ellos tenían que recoger su ropa y cuando llegaron la emoción fue tremenda y los abrazos largos y sentidos viéndonos todos con nuestra medalla al cuello y haciéndonos la foto que así lo recoge. ¡ Habíamos acabado todos! , habíamos disfrutado de una carrera sin igual y teníamos cinco días por delante para celebrarlo y toda la vida para recordarlo. Y no exagero ni un pelo.

No parábamos de contar las últimas millas que habíamos ido separados y de analizar cómo nos había salido la carrera. Pian, piandito fuimos saliendo de Central Park (enorme y precioso como hemos podido comprobar los siguientes días) y con dos taxis nos pusimos en el hotel donde, salvo meter una banquetita en la ducha y porque habíamos quedado a comer-merendar-cenar (no sabíamos qué era) descansamos un poquito y sobre todo nos sentimos todos bien después de la labor hecha.

Y ahora el capítulo de agradecimientos: primero a nuestras santas y santo que de tanta ayuda nos han sido tanto en la preparación como en el desarrollo de la prueba. Después a los del 42195.es que con la organización de su viaje nos han permitido hacer realidad de forma sencilla uno de nuestros sueños. Y en último lugar, pero eso sí, con mayúsculas, al preparador de la mayor parte del grupo participante, Toño Aguado, que se ha desvivido por hacernos unos entrenamientos totalmente asimilables, que se ha esmerado en mandarnos semanalmente junto con el plan de ese periodo todo tipo de consejos tanto alimenticios como de todo tipo, que ha seguido nuestro trabajo de cerca, que siempre ha confiado en que lo íbamos a hacer bien y nos ha infundido un espíritu ganador. Gracias, Toño, de todo corazón.

Me da vergüenza decirlo pero ... ¿me dejáis que entre mis agradecimientos le haga también uno a Sabina que me ha acompañado, cuando me han tocado las tiradas largas fuera de Logroño y las he tenido que hacer solo, digo, que me ha acompañado todo el rato...? Pues eso, gracias también.

Estoy seguro que en cuanto de por finalizada esta crónica se me ocurrirá montones de cosas que podía haber comentado y ahora mismo se me pasan ; pero ya lo he dicho al principio ... como van a caber tantos.... Lo que sí tengo claro es el sentir que llevo dentro, el disfrute de la experiencia vivida y que nunca, nunca, podré olvidar ni una sola de las cosas que han ocurrido en esta Maratón.

Consejo: todo el mundo debería intentar correr en la Gran Manzana. Es otra cosa, os lo aseguro. Animo y suerte para todos.