Maratón de Edimburgo

Un viaje para el recuerdo

Domingo de Mayo de 2011

(Tomás Alba)

El pasado fin de semana fuimos un pequeño grupo de integrantes del club a visitar la ciudad de Edimburgo y de paso correr la maratón, o viceversa, el caso es que este tipo de salidas en el que se mezcla turismo y deporte están muy bien, además con los acompañantes que iba el éxito estaba asegurado, así que disfrutamos de la preciosa ciudad de Edimburgo y en cuanto a lo deportivo todos acabamos satisfechos pues todos cumplimos los objetivos previstos.

 

El viernes y el sábado los dedicamos a patear la ciudad, el primer día contamos con la impagable ayuda de la prima de Fernando, Laura, y su chico John, que nos hicieron de guías, fuimos a una zona llamada Hollyrood Park que era donde estaba la austera feria del corredor y tras recoger los dorsales nos dirigimos a Arthur’s seat, un monte desde el que se divisa toda la ciudad de Edimburgo; cuenta la leyenda que desde aquí el rey Arturo veía como ganaban las batallas sus ejércitos. Hacía mucho viento, una constante durante toda la estancia, pero conseguimos llegar hasta la cumbre y comprobar las magníficas vistas de toda la ciudad; para finalizar la tarde nos acercamos a the Old Town con sus pequeñas calles que desembocan en el castillo de Edimburgo que lamentablemente a esas horas ya estaba cerrado. La arteria principal de esta zona es la Royal Mile donde se pueden encontrar multitud de tiendas y souvenirs y es la principal atracción de la ciudad antigua, hicimos alguna compra, cenamos y nos fuimos al hotel a descansar. Una curiosidad de esta ciudad es que en esta época del año hay muchas horas de luz, a las 22.30 todavía era de día y una de las noches comprobamos que a las 4.30 de la madrugada ya estaba amaneciendo, todo lo contrario ocurre en invierno donde las horas de luz son muy pocas, aparte de esto, de Edimburgo se dice que te puedes encontrar las cuatro estaciones en un solo día y nosotros hemos sido testigos de eso porque menos nevar hemos visto de todo: frío, sol, lluvia, viento a todas horas, pero todo esto en pocas horas.

El sábado estuvimos en Murrayfield, los aficionados al rugby sabrán que es el campo donde la selección escocesa juega sus partidos; nos tuvimos que conformar con verlo por fuera pues había una valla rodeando todo el perímetro del campo y no se podía acceder, fuimos al castillo de Edimburgo, que ya estaba abierto, he hicimos una pequeña visita, desde aquí también hay unas maravillosas vistas, de aquí nos dirigimos a the New Town donde su arteria principal es Princes Street, la calle por excelencia para ir de compras por Edimburgo, hay que decir que tanto la Old Town como la New Town fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995;después de comer quedamos con Fernando e Idoya, que habían llegado ese mismo día, después de seguir visitando varios lugares de interés entramos en un bar a saborear una pinta de cerveza y a hacer la famosa porra, en este sentido he de decir que esto ya no es lo que era , ya no arriesga nadie, en fin será cosa de la edad. Regresamos pronto y tras cenar en el hotel y un poco de tertulia nos fuimos a dormir, que al día siguiente teníamos tajo.

Y llegó el domingo, el mismo ritual de siempre en un día de carrera: madrugar, desayunar, ponerse toda la equipación y a la línea de salida, antes del maratón se celebraba la media maratón, donde participaba Fernando, apenas calentamos y sólo esperábamos que diesen el pistoletazo de salida, el tiempo seguía como los días anteriores, viento alternando con sol o con lluvia, nos dirigimos cada uno a nuestro cajón pues quedaban pocos minutos para el inicio, cada uno con un objetivo aunque algunos como Ricardo y Eugenio están curtidos en mil batallas y ya solo buscan disfrutar con la carrera, el tiempo es secundario, Eugenio acababa de salir de una larga lesión y era una incógnita saber cómo acabaría la carrera, Ricardo quería intentar bajar de las 4hrs, por otro lado estaban Víctor, cuyo objetivo era bajar también de 4 hrs y Fermín, que intentaría mejorar su marca de 3.09 en París en 2010, en cuanto a mí, bueno, intentaría bajar por primera vez de las míticas 3 hrs, había entrenado bien y tras haber corrido el maratón de Madrid junto a Javi Caro, a quien eché de menos pues fui toda la carrera solo y en Madrid fue muy grata su compañía, adquirí bastante confianza. Antes de separarnos los típicos choques de mano, yo percibí la efusividad con que me deseaban suerte, me imagino que eran conscientes de la dificultad de mi reto. La carrera transcurrió tranquila durante gran parte de ella, iba algo más rápido de lo que debía, pero me veía con fuerzas, hay que decir que el trazado de la carrera deja mucho que desear, el centro de la ciudad no se toca para nada, nos llevan por toda la costa, poco público y acaba en un pueblo a unos 15 Km de Edimburgo, nosotros vimos gente a las 19.00 que volvían de la carrera; el viento era constante, la lluvia y el sol se alternaban, a partir de la milla 18 se podía ver a los corredores que iban por detrás, me crucé con Eugenio que me daba gritos de ánimo, un poco más adelante me encontré con Ricardo y Víctor, pensé que se paraban para animarme por la intensidad de sus ánimos, en estos momentos la adrenalina sube por arte de magia y las piernas van solas, todo iba perfecto, sobre el km 30 más o menos llevaba cerca de 2.30 min a mi favor con los que podría jugar en caso de dificultades, y las dificultades llegaron, el viento soplaba fuertemente en contra y a diferencia de los primeros km, ahora no había ningún grupo de gente, ni edificios para protegerse, era una carretera, el viento y tu, cada km que pasaba perdía varios segundos de los 2.30 anteriores, lo paradójico era que yo me encontraba bien, pero era imposible correr al ritmo que debía a causa del viento, cuando contactaba con algún grupo de tres o cuatro personas intentaba ponerme detrás de ellos, pero iban más lentos que yo y así llegué al km 41(la carrera estaba marcada en millas y gracias al Garmin controlaba los Km), había perdido prácticamente todo el tiempo que tenía a mi favor, pero no me podía rendir, me había costado mucho llegar hasta allí para tirarlo todo por la borda en 1.2 km, comencé a ir más rápido, vi la milla 26, tan sólo me quedaban 0,2 millas, algo más de 300 ms, hay un giro a la derecha y al fondo se ve el arco de llegada, miro el reloj y tengo menos de 50 segundos para completar los últimos 200 ms, pienso que voy a tener que tirar de las últimas reservas de testiculina, solo tengo ojos para el arco de llegada, tanto es así que no veo ni a Charo ni a Fernando que estaban entre el público animando, tampoco veo como Fernando salta y se pone detrás de mí a jalearme y a intentar sacarme alguna foto, lo sé porque me él me lo ha contado, paso a un par de cadáveres y el frío público comienza a gritar Rioja, Rioja tímidamente, levanto los brazos y los agito animándoles a que griten más, fue impresionante escuchar a todos a la vez gritar Rioja, Rioja, me quedan como unos 60 ms y entonces es cuando escucho a Fernando, sigo corriendo, levanto los brazos en señal de triunfo, miro el reloj 2.59.55,había corrido los últimos 300 ms a 3.29 el km después de 42 km, casi un milagro, me abrazo a Fernando y después a Idoya, la emoción me invade, estoy tan feliz que apenas noto el cansancio, tras hablar unos minutos con ellos me despido y me dirijo a coger la ropa y beber algo, por el camino me da tiempo para pensar en la cantidad de experiencias vividas desde que Ricardo me dio la oportunidad de inscribirme en esta gran familia que es el club, pero como la de hoy ninguna, siempre le estaré agradecido por ello, nunca pensé que iba a viajar tanto ni a correr tantas maratones ni a conocer tanta buena gente, prueba de ello es que llevo un par de días recibiendo mensajes y llamadas de felicitación, también me acuerdo de mi compañero de fatigas Josemi, de no haber sido por él este invierno no hubiese salido a correr muchos días, de Elisa y sus planes de entrenamiento, recojo la ropa y veo a Fermín que ha hecho un tiempazo y además ha batido su anterior marca en un minuto, nos abrazamos y comentamos la carrera, vamos a coger el autobús que nos lleva a Edimburgo, donde perdimos mucho tiempo, al llegar a la ciudad nos encontramos con Ricardo, Charo, Eugenio y Víctor, todo son abrazos y felicitaciones, todos nos quejamos del viento, pero todos estamos felices porque nos ha ido bien la carrera, llegamos al hotel, comemos, descansamos y todavía tenemos energía para ir a dar un paseo y cenar, como siempre que corremos una carrera el único tema de conversación es la carrera en sí, regresamos al hotel y aunque yo había clavado el tiempo de la porra, les invito por haber conseguido bajar de 3 hrs, por cierto que alguno incluso bebió whisky, nos vamos a dormir que al día siguiente tenemos un día largo de viaje.

Esta es la historia de un fin de semana particularmente inolvidable en el que ha quedado demostrado que todo trabajo tiene su recompensa y que con constancia y teniendo fe en uno mismo se pueden conseguir las cosas tanto en un maratón como en el día a día, algunos de los que me han felicitado, ahora mismo me viene a la cabeza Luis Miguel, llevan varias carreras detrás del mismo objetivo, sólo puedo decirles que no desesperen que seguro que lo consiguen el día menos pensado, pero sobre todo que no cejen en el intento si es que no lo logran, hay que ser positivo, al fin y al cabo esto es sólo un deporte y hay que disfrutar de cada carrera venga como venga.